En Argentina, La Ley de Educación Nacional sancionada en 2006, creó, entre otras, la modalidad de Educación Intercultural Bilingüe (EIB).

De acuerdo con la ley, los niveles de educación Inicial, Primaria y Secundaria deben garantizar a todos los pueblos originarios que habitan en el territorio nacional el derecho constitucional a acceder a una educación que contribuya a preservar su identidad.

Pero el ministro de Educación y Deportes de la Nación, Esteban Bullrich implementa una “política de descentralización” delegando funciones y recursos de Nación a las provincias y de estas a municipios.

Según la antropóloga Adriana Serrudo si las provincias no pueden financiar este programa se perdería el trabajo que venían realizando para preservar y fortalecer sus pautas culturales, las lenguas, la cosmovisión e identidad étnica de cada uno de los pueblos originarios como una pauta institucional dentro del sistema educativo.

Al hacer una lectura del plan de gobierno podemos percibir que se quiere un Ministerio nacional con pocas funciones. Se intenta delegar funciones y recursos a las provincias con el argumento de que la cercanía es la mejor herramienta para administrar bien los recursos.

Al tener el privilegio de estudiar las lenguas de los pueblos originarios y compartir su idioma, cultura, comidas, es decir, su identidad, comprendemos el peligro de que este programa no pueda sostenerse. Mantener la riqueza cultural a lo largo de las décadas va de la mano con la educación, por eso el EIB es tan importante en ese proceso. Los niños aprendiendo y viendo el mundo desde sus raíces comprendiendo el marco constitucional en el que crecen permite que desarrollen ideas innovadoras para continuar con este proceso que va más allá de lo pedagógico. Po ejemplo, los conocimientos de medicina de pueblos originarios es muy importante para las diversas comunidades y preservar el idioma facilita resguardar esta información que pasa de generación en generación. Comprendemos, entonces, que el conocimiento es base de la identidad.

Marginalidad

Marginalidad es una palabra dolorosa. Una forma de no contribuir es esforzarnos por conocer el marco de diversidad cultural que vivimos en este mundo, no solo en Argentina. Aprender un simple saludo en guaraní, wichí, mapuche o cuando decís “voy al chino” y vas preparado para agradecerle en su idioma y hacerlo sentir parte de tu comunidad son gestos que unen y son una forma muy simple de dar. Esto genera efectos positivos y profundos que tenemos que promover. Interesarnos en su historia y costumbres, aunque no las entendamos, genera vínculos fuertes para una humanidad cada día más separada.

A pesar de las medidas políticas nuestra actitud proactiva nos lleva a transformar las quejas o molestias en acciones para ayudar a promover desde nuestra comunidad el fortalecimiento de la diversidad cultural que no sabe de fronteras ni banderas. Consciente, inconscientemente podemos fomentar más odio, y como dijo el escritor irlandés George Bernand Shaw: “El odio es la venganza de un cobarde intimidado”.

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