En el antiguo Egipto, era costumbre azotar a los esclavos con la intención de que estos trabajaran sin descanso. Los persas fueron terriblemente crueles con sus enemigos y aún más con aquellos que eran llevados cautivos, colocándoles narigueras y tirándolos con cadenas.

No se les ocurrió mejor forma de demostrarle a las naciones vecinas que ellos tenían el poder.

Hoy después de más de 5000 años quedan pocas culturas en las que el hombre domina con estos métodos. Con el transcurso de los años los látigos se transformaron en lenguas. Si si, el poder de las lenguas que denigran, que descalifican, que maltratan, que dan latigazos.

Lamentablemente el clima laboral de muchas empresas e instituciones está siendo afectado por los “látigos” de jefes con incapacidad de comunicarse. Que intentan dominar, pero les cuesta mucho guiar. Esto se lo podemos atribuir a diversos factores:

 

  • Falta de seguridad personal.
  • Baja autoestima.
  • Problemas personales llevados a los liderados.
  • Personalidad carente de empatía, autodominio, PACIENCIA.
  • Falta de conocimiento en el área asignada.
  • Temor constante a ser desplazado como líder.
  • Miedo, bloqueo y reacción negativa.
  • La peor de todas: mal uso del poder.

En los siguientes post vamos a ir tratando estos factores, pero mientras tanto te propongo un ejercicio:

Pensá en que José (Pepe) llega tarde al trabajo, algo así como 5’ tarde. Vos te enojas mucho, lo tratás muy mal, lo denigras y de paso le pones la peor de las sanciones. Volvamos un poquito, vamos al minuto 4, cuando lo ves estacionar al Pepe. Preguntate: ¿estará bien? ¿Le habrá pasado algo en su familia? ¿Necesitará ayuda en algo? ¿Qué cosas positivas de el puedo resaltar antes de brindarle un consejo y pedirle que llegue a horario? ¿Es la primera vez que le pasa o es algo regular?

Todas estas preguntas, y otras que la empatía te va a dictar, van a ayudarte a mostrarte como un buen líder, accesible, y de paso… no te hacés mala sangre.

Tranquilo, no es síntoma de debilidad pensar lo que vas a decir y después actuar.

“Escuchar es más importante que hablar. Si esto no fuera cierto, Dios no nos hubiera dado dos oídos y una boca. Demasiadas personas piensan con su boca en vez de escuchar para absorber nuevas ideas y posibilidades. Discuten, en lugar de preguntar.” (Robert Kiyosaki – libro “Padre Rico, Padre Pobre”)

 

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